Empeñé todo lo bueno

Son las tres de la mañana. Baluarte está vacío. Solo están eMe y Nacho. Nacho, de pie, por dentro de la barra, con un codo apoyado en ella, mira la televisión en silencio. eMe, al otro lado, tiene una cerveza a medio empezar delante. Mira el suelo.

eMe: A veces me pregunto dónde tendré el sentido del ridículo…

Nacho: En el almacén.

eMe: ¿Cómo?

Nacho: En el almacén!. No te acuerdas? Me lo cambiaste por una ronda de cervezas.

eMe lo mira perplejo (o borracho) durante unos segundos (o minutos). Nacho no aparta la vista de la televisión. eMe gira la mirada hacia el aparato también.

eMe: Ah…

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