Allmighty+


Corrió en menos tiempo, trepó más alto, quiso con más fuerza, se rindió un segundo mas tarde, bebió más copas, llegó mas lejos y lo hizo más veces que todos los demás…

Sólo le hizo falta aplicarse la chispa adecuada…

“…no tienes huevos…”

El Hombre Que Todo Lo Puede cumple hoy 31 años. Quedan retos, resta aliento.

El dolor mas gordo del mundo…

A nadie le ha pasado? A mi me pasa cada año. Fulano es tu amigo. En algún momento te sientes tan agradecido por su amistad que llegas a decir que Fulano, en caso de necesidad, no tendría que pedir tu brazo, sino que con llegar y cogerlo no estaría más que ejerciendo su divino derecho.

Y alguien, no alguien a quien aprecias como a Fulano, ni en quien confías, pero si alguien que te conoce a ti un poco, o un mucho, que para el caso es lo mismo: te conoce, y sabe en que pata te falta el apoyo para dejar de cojear, te dice: “Cuidado con Fulano”.

Y tu, digno, te niegas: De Fulano, tu mediante, nadie hable.

A Fulano mientras, en su casa, se la pela que saques la cara por él. Que le importa una mierda si se cagan en su padre, si a su madre la ponen en una esquina o si su abuelo era vizconde y se mean en su escudo. Si acaso le pitan los oídos, sube el volumen de la tele. Para qué, si no, se inventó el dolby surround?

Fulano empieza a desvelar el pedazo de cabrón que está hecho, y en los foros se comienza a mover el runrún… Y tu consciente de que el rio suena si agua lleva, que ademas la has visto tu correr frente a tus narices y bajo los deditos de tus pies. Pero ya te llena por dentro una mierda que no se sabe hoy para qué la inventaron, en el siglo doce, o quién quiere saber cuando, seguramente unos pedazo de cabrones también que se aprovecharon de ella: Lealtad. De Fulano, tu delante, ni una palabra mas larga que la otra.

Y llega el dia en que Fulano te arranca hasta los pantalones. Y tu te sientes el imbécil más ancho del mundo. Y probablemente lo seas. Y no te queda más que mientras Fulano aún te la está colando, alguien, en pleno éxtasis de autosuficiencia, la suelta: “…Te lo dije”

Y aprietas los dientes, hasta sangrar, y ves a los tuyos mirarte compasivos, que todos lo sabían menos tu, o quizás ni así, que lo sabías, y te creías que tu serías diferente, y ahí, ese apretar, ese rechinar de dientes, es el que duele más que todas las úlceras del mundo.

Fulano, si lo pillases, comería bordillos de aceras, pero nunca lo pillarás. Es de todos bien sabido que la suerte se la guarda Dios a los cabrones, que la justicia divina se agotó con los fariseos, israelitas y el diluvio universal…

Pero tu no te apures. El año que viene, más.

Siempre Grande

Hoy he visto un amigo de otra época, de cuando éramos reyes y vivíamos por la noche y dormíamos en el coche camino de otro lugar. En el breve espacio de tiempo que nos podíamos dedicar nos hemos dado un abrazo largo, sincero, de esos de que dejan ganas de cervezas y anécdotas recordadas, pero lamentablemente, no ha podido ser más. Y por un rato me he ido, ausente, de la conversación con esa otra gente con la que estaba, recordando amaneceres en playas, de Señores del Tres, de enormes borracheras y muchas insensateces, de algunas niñas que casi olvidé, de amigos que no dejaron rastro, de aventuras, al fin y al cabo, que uno siempre dice que los años pasan demasiado rápido, pero es cierto que no. Hace mucho, mucho rato, que no me tomo unas cañas con Gary Croosman. Mientras los demás envejecemos, tu cada dias estás más joven, cabrón.

Va a hacer falta que un dia haga un post recopilatorio presentandoos toda la gentuzilla con la que he pasado buenos ratos. Mucha gente que por una u otras razones se quedaron por ahí y a los que a todos, sin reservas ninguna, y a pesar de cualquier cosa que pudiera haber pasado, les deseo lo mejor de lo mejor.

Gracias a dios que he dado muchas vueltas antes de llegar aquí, he tardado más que nadie, pero me conozco mejor todos los recovecos del camino.

De cuando veranos de tres meses

Ni muy alta, ni muy baja, ni muy gorda, ni muy flaca, tenía dos inmensos ojos verdes que olían a sal, y una boca carnosa que hacía barbacoas a besos, calzaba una serena sonrisa del cuarenta y siete que nunca se quitaba de encima, y aquel verano de los diecisiete años, solo tuvo ganas de pasarlo conmigo. Aunque no tan cerca como uno hubiera querido…

Supongo que fuese donde fuese que estaba, no sospechó la decepción que para mi fue no encontrarla al año siguiente: como si el cielo se nublase y la gente se fuese de la playa en pleno agosto porque ya no hay sol al que tenderse…

Tres años después, cuando casi me había convencido de que la había olvidado, volvió, con su misma sonrisa, con sus ojos verdes y sus ganas de pasar dias conmigo hablando de nada y contándonos todo. Yo, dolido por su ausencia, tratando de sacudirme la parte de mi que a ella le era indiferente, no encontré mejor manera de explicarme que nombrarla por el nombre que para mi, desde hacía cuatro años, secretamente tenía: La Niña Que Hace Veranos.

…me da ‘roncanrrol’, decías…

Cuando me encantaba aquella canción y eras mi héroe, sentía que para comerme el mundo solo necesitaba una cucharilla de café. Vivíamos rebeldes donde no debíamos y llevar la contraria era el deporte que nos mantenía en forma. Desdeñábamos peligros, la vida nos quedaba por delante, nuestro mejor momento siempre era ‘ahora’, borrando a cada segundo el anterior… estábamos (y éramos) por encima de los horarios, de los planes, de la gente, de los demás…

Vivímos egoístas y sólo paré cuando encontré alguien a quien dañar con nuestro desenfreno, y entonces a ti no te gustó que me bajase de nuestro autobús sin paradas… Seguirías adelante, prometiste… Nunca dejarías de ser El Rebelde Sin Causa.