El rey de mi castillo

– Es que estoy harto… ¿Qué esperas…? ¿Qué quieres de mi…? – ¿Y tú? ¿Qué quieres tú de…- ¿Yo? Yo tus tetas, te lo he dicho muchas veces… – ¿Sólo eso? qué bonito… (…) – Me parecía un buen lugar por donde empezar… Algo en ti que era mío, que los demás querían y donde sólo yo podía decidir… Territorio seguro desde donde seguir conquistando… La parte de ti que responde a mis estímulos pero no me juzga, no me trata con desdén, no me lanza puyas, la que no me pone condiciones, fácil, simple, como estar “en casa”, pero no esa donde no sabes si poner encimera de silestone o suelo de parquet, donde a veces hay un grifo que gotea y tienes que llamar para que lo arreglen, no dónde se acaba la leche y tienes que ir a comprar más… Nono. “En casa” como cuando jugábamos en el patio, llegabas perseguido a la fuente y decías “Casa!” y respirabas aliviado, gastando aire a bocanadas, disfrutando la impotencia de tu perseguidor, desde donde planeabas tu próxima aventura.

No quería la luna, no quería fidelidad, no quería que me presentases en sociedad, ni que me alimentases… Quería un poco de ti donde gobernar.

Súmale trece

Piensa en este concepto: en lugar de quitarte años, ponértelos. Ponértelos a saco.

– Y cuántos años dices que tienes?
– sesentayocho
– coño! qué dices?? pero si estas estupenda! Cómo vas a tener sesentayoch…
– SESENTAYOCHO AÑOS COMO SESENTAYOCHO SOLES
– Pero no puede ser!! Y cómo haces? Si yo creía que con Jesus Vazquez y Jordi Hurtado ya lo había visto todo! sesent…
– yocho! Pues me cuido, hago deporte, como limpio, duermo ocho horas, hago el amor, tomo el sol con moderación…
– Jod! yo quiero estar como tú! pero si tienes menos arrugas que yo!… sesentayocho… dios bendito…

A saco. #estasbuenorra

Así.

Siempre me obligué a sorprenderte, a ser distinto a lo que habías olido por ahí, a que mi piropo lo reconocieses como mío -por tosco que fuera- y que no lo imaginases tomado prestado de nerudas o garcías-monteros… porque a mí me gustas como me gustas a mí, y no como les gustas a los demás, que también les gustas, pero en los que no floreces esas ganas de señalarse contracorriente, separándome de modas, clichés y normas leídas en las revistas de tirada nacional, sacadas de la mente de alguien que un día creyó imaginar cómo a mí me gustaría ser… cómo me gustaría vestir… cómo me gustaría quererte.

Porque así no me encontrarás en ningún actor, en ninguna película, en ninguna serie, en ninguna revista… Y la única manera de verme y de sufrirme o disfrutarme será que me encuentres y sepas que soy yo, y que no soy ningún otro…

…o no.

Angelito, el chico aquel, te acuerdas…?

…ese que le gustaba el agua fresquita en verano, que se ponía un jersey en agosto y decía “qué calor”… El que iba al colegio por las mañanas, se sorbía los mocos cuando no tenía pañuelo y se ponía calcetines antes que los zapatos… no te acuerdas?? Sí hombre… Este que vivía allí en los pisos aquellos… uno que un día fué al cine y vio una peli… jod! si se pasaba las noches durmiendo en su cama! …y se levantaba por las mañanas y desayunaba sentado… no me creo que no te acuerdes…

Joe, mi compañero de piso, dice que hablo demasiado vagamente… Sabrá él…

Veroño

Dile a Noviembre que ya sé con quién quiero meterme debajo de la manta, que puede traernos ya frío y echarnos nieve por encima como para que no puedas ni escapar por la puerta…

Esta noche me pido…

…ser el tirante de tu pijama, el izquierdo, el rebelde, el que pasa en moto de quedarse sobre el hombro y baja rodando por el brazo a echarle un ojo a tu escote, el canalla, el aventurero, el que en realidad ocultamente envidia al otro, el fiel, el que mañana me pediré ser: El que hoy -y cada noche- duerme pegado a tu cuello.